jueves, 15 de octubre de 2015
LA FELICIDAD DE UN VUELO TEMEROSO
LA FELICIDAD DE UN VUELO TEMEROSO
Estás en un avión hacia Palma de Mayorca. Tienes dos años y medio. Acabas de despegar. El avión está en silencio, sólo la chica que va sentada detrás tuya va inquieta. Miras, ¿está lloando?, sí. Vuelves a mirar, ahora parece que la cuesta respirar. Está roja, cada vez más y más roja. El chico que va al lado de ella le coge de la mano, le tranquiliza. Ella empieza a gritar suavemente diciendo palabras extrañas como `estrellar´, `pánico`o `histérica´. Abraza un cojín, entonces miras en tu regazo y ves tu querido osito de peluche. Te intentas levantar pero una cinta te lo impide, tu madre te ayuda. Se han apagado las luces de los cinturones. Vas hacia aquella muchacha triste que no deja de llorar y abrazar a su cojín. Cuando llegas a su lado le coges de la mano y le dices: "No te preocupes, no tengas miedo, mira, yo no tengo miedo". Mientras le acaricias la mano ella te mira extrañada y sigue llorando. No te rindes: "No llores nena, dices, mira qué alto estamos, es muy divertido volar, nadie sabe volar, sólo los pajaritos". La chica parece más relajada pero las lágrimas resvalan por sus mejillas. Se te ocurre algo. Coges el osito de peluche que tanto quieres, le coges la mano y se lo das. Ella te mira. La sonríes y la dices: "Abráza a mi osito y no tengas miedo, no llores, no pasa nada". Te vas contenta a tu sitio y sientes como la gente te mira sonriendo. La verdad no sabes por qué están felices viendo a una chica llorar, pero ya tiene tu osito y él le va a cuidar para que no llore.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario