lunes, 19 de octubre de 2015

¡Sorpresa!, te quiero...

¡Sorpresa!, te quiero...
Te duermes. Sueñas. Pasa el tiempo y cada vez te envuelves más entre las sábanas de tu cama. Te retuerces y te mueves en la cama, tienes sueños y pesadillas. El oscuro cielo que la noche dejó tras de sí poco a poco se va aclarando. Sigues durmiendo, y, de repente, suena el despertador. Te incorporas, te frotas los ojos y te levantas corriendo para ir a lavarte la cara, como de costumbre. Observas el cielo a través de la ventana de tu habitación y ves como el Sol también se está despertando, al igual que tú. Te vistes y preparas el desayuno. Piensas en qué hacer para causarles una buena impresión a tus compañeros de clase. Después de estar un rato pensando en cómo será el primer día de instituto, cómo serán tus nuevos compañeros y en lo aburrido que será el año, recoges las cosas y te preparas para asistir al primer día del curso. Sales por la puerta delantera de tu casa después de despedirte de tus padres y de tu perro, que está lloriqueando al ver que te vas. Empiezas a caminar. Miras al cielo de nuevo, viendo como también se ha preparado para un largo día. Observas como las estrellas que antes iluminaban el cielo nocturno se han desvanecido tras un tenue color azul. Sigues caminando y ves a uno de tus mejores amigos agitar su mano con entusiasmo. Le saludas y empiezas a caminar junto a él. A lo lejos, ves la puerta del instituto y, alrededor, miles de chicos y chicas de tu edad riendo, divirtiéndose y contándose lo increíbles que han sido sus vacaciones de verano. Entras al instituto. Te detienes ante los escalones y empiezas a contarlos mientras subes. Entras en tu clase y empiezas a recorrer las caras de tus compañeros con la mirada. Conoces a la mayoría pero aun así, algunas caras nuevas se van dibujando entre las de tus amigos y conocidos. Tratas de imaginar cómo serán. Y, sin darte cuenta, te paras a pensar en una de esas caras nuevas, en una que destacaba más que el resto. Te fijas en esos ojos color castaño, ese pelo largo y sedoso, esas delicadas manos y en esa sonrisa, esa sonrisa tan perfecta... Sientes algo raro. Duele, pero es agradable a la vez. Te sientes como si te hubiesen disparado una flecha, un flechazo...
Suena el timbre y empiezan las clases. Van pasando las horas y la última clase termina, fin del primer día de instituto. Al final del día no te has enterado de nada, ni de los nombres de los profesores porque solo tenías ojos para ella, y esperas que mañana esa sensación se repita, y que ella ya no sea una desconocida, sino la persona con la que compartirás el resto de tu vida...


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